Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa de México, puso el dedo en la llaga al señalar que el 75% del armamento utilizado por los grupos del crimen organizado en el país proviene de Estados Unidos. Durante un mensaje en el que abordó los desafíos de seguridad que enfrentará su administración, la exjefa de Gobierno de la Ciudad de México no solo expuso un dato contundente, sino que también lanzó un llamado directo a las autoridades estadounidenses para que asuman su parte de responsabilidad en la crisis de violencia que azota a ambas naciones.
La futura mandataria destacó que el flujo ilegal de armas desde el norte no es un problema aislado, sino un factor clave que alimenta la espiral de violencia en México. “No podemos hablar de seguridad en nuestro país sin reconocer que gran parte de las armas que usan los cárteles cruzan la frontera desde Estados Unidos”, afirmó. Este señalamiento no es nuevo, pero adquiere mayor peso al provenir de quien pronto asumirá la presidencia, especialmente en un contexto donde los homicidios y los enfrentamientos entre grupos armados siguen marcando récords año tras año.
Sheinbaum también subrayó la urgencia de reducir el consumo de drogas en territorio estadounidense, un mercado que, según expertos, genera miles de millones de dólares anuales para el crimen organizado mexicano. “Mientras exista una demanda tan alta de estupefacientes en Estados Unidos, los cárteles tendrán incentivos para seguir operando, corrompiendo instituciones y sembrando violencia”, advirtió. Su postura refleja una estrategia que busca atacar el problema desde la raíz, más allá de las tradicionales políticas de persecución y militarización que han predominado en las últimas décadas.
La futura presidenta no se limitó a señalar culpas, sino que propuso un enfoque de cooperación bilateral que incluya mecanismos más estrictos para el control de armas en la frontera, así como campañas de prevención y tratamiento de adicciones en el vecino del norte. “La seguridad de México y Estados Unidos está entrelazada. Lo que ocurre en un lado de la frontera tiene consecuencias directas en el otro”, recalcó, en un guiño a la necesidad de que ambos países trabajen de manera coordinada.
El tema de las armas ilegales ha sido un punto de fricción recurrente en la relación México-Estados Unidos. Organizaciones de derechos humanos y analistas han documentado cómo fusiles de asalto, pistolas y municiones de fabricación estadounidense terminan en manos de sicarios y grupos criminales, muchas veces a través de compras legales en tiendas de armas que luego son traficadas al sur. Solo en 2023, las autoridades mexicanas decomisaron más de 20,000 armas de fuego, la mayoría con origen en Estados Unidos, según datos oficiales.
La postura de Sheinbaum llega en un momento crítico, cuando el gobierno saliente ha sido criticado por su estrategia de seguridad, centrada en la militarización y en operativos de alto impacto que, sin embargo, no han logrado reducir los índices de violencia. Su llamado a abordar el problema desde una perspectiva integral —que combine el combate al tráfico de armas, la reducción de la demanda de drogas y el fortalecimiento institucional— podría marcar un cambio de rumbo en la política de seguridad del país.
No obstante, el desafío es mayúsculo. Estados Unidos, donde el derecho a portar armas está protegido por la Segunda Enmienda, ha mostrado resistencia a implementar controles más estrictos, incluso cuando se trata de armas que terminan en manos del crimen organizado. Mientras tanto, en México, los cárteles han diversificado sus actividades, incursionando en extorsiones, secuestros y tráfico de migrantes, lo que complica aún más la tarea de desmantelarlos.
Sheinbaum hereda un país con más de 30,000 homicidios anuales, fosas clandestinas que siguen apareciendo y comunidades enteras sometidas al terror de los grupos criminales. Su mensaje, sin embargo, deja claro que la solución no depende únicamente de México. “La violencia que vivimos es un problema compartido, y su solución también debe serlo”, concluyó, en un recordatorio de que, sin voluntad política en ambos lados de la frontera, los avances serán limitados.






















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































