A medida que se acerca el fin de año, las estadísticas sobre migración muestran una tendencia sorprendente: en 2025, la UE y los Estados Unidos experimentaron un descenso significativo en el número de personas que intentaban entrar irregulares. Sin embargo, esta reducción no se debe a que las razones que impulsan a miles de personas a buscar una vida mejor hayan desaparecido, sino más bien a políticas migratorias cada vez más restrictivas y, en algunos casos, violentas.
En la UE, Frontex, la autoridad fronteriza comunitaria, registró 166,900 llegadas “ilegales” entre enero y noviembre de 2025, lo que supone un descenso del 25% con respecto al mismo período del año anterior. Esto puede parecer una buena noticia para aquellos que buscan controlar la migración, pero es importante recordar que estas cifras no reflejan el número real de personas que intentan llegar a la UE cada año. La mayoría de las personas que intentan cruz las fronteras lo hacen en busca de seguridad, oportunidades económicas y una vida mejor para ellos y sus familias.
En Estados Unidos, aunque no hay cifras oficiales sobre llegadas irregulares, es claro que las políticas migratorias del gobierno han sido cada vez más restrictivas y agresivas. La construcción de muros en la frontera con México, la expansión de los programas de detención y deportación y la implementación de medidas como “meter and greet” (inspeccionar a todos los viajeros) han creado un clima de temor y incertidumbre entre las comunidades migrantes.
Es importante destacar que estas políticas no solo afectan a los migrantes, sino también a sus familiares y comunidad en general. La violencia y la intimidación hacia las personas migrantes pueden generar miedo y ressentimiento, lo que puede desencadenar reacciones violentas y discriminatorias en algunos sectores de la sociedad.
Por otro lado, es necesario reconocer que la migración es un fenómeno complejo y multifactorial. La pobreza, la violencia política y social, el cambio climático y la desigualdad económica son algunas de las razones por las que millones de personas deciden abandonar sus hogares en busca de una vida mejor.
En lugar de enfocarse solo en la restricción de la migración, es hora de abordar los problemas estructurales que impulsan a las personas a buscar refugio. Es necesario trabajar hacia soluciones más humanitarias y equitativas, como la creación de oportunidades económicas y educativas en los países de origen, el fomento de la cooperación internacional y la protección de los derechos humanos.
En conclusión, aunque el número de personas que intentan cruz las fronteras ha disminuido en 2025, es importante recordar que las razones que les empujan a buscar una vida mejor no han desaparecido. Es hora de abordar la migración con un enfoque más humano y equitativo, y de trabajar hacia soluciones que protejan los derechos humanos de todas las personas involucradas.



















































































































































































































































































































































































































































































